miércoles, 26 de abril de 2017

Alrededor de la producción de textos académicos





Un comienzo firme es estudiar lo que se ha escrito sobre el tema al que nos vamos a dedicar. La lectura debe ser crítica, no sólo informativa. Debemos sacar conclusiones, tomar partido, estar abiertos tanto a cambiar nuestras impresiones como a trabajar para argumentar nuestro punto de vista original. Mente abierta, especulación de ideas, capacidad de autoanálisis: todas cosas que ayudarán a proyectar un trabajo original y de interés para los demás.

¿A quién nos dirigimos? Otra vez estamos hablando del lector modelo o lector imaginario. Escribir no es tan distinto a programar. Trabajamos sobre un código compartido, encriptamos sentido. Lo particular es que el download no es “perfecto”, le lector al reconstruir nuestras “instrucciones” al programa, siempre lo hará a su manera, siempre será en parte autor de lo que entienda de nuestro escrito.

¿Sobre qué vamos a escribir? A veces el tema llega solo, se impone. En otros casos puede tratarse de un encargo o la culminación de un interés coherente en una zona de la práctica o la investigación teórica.

Una misma cuestión nos puede llevar por líneas de trabajo muy diferentes. Podemos investigar las transformaciones en la representación digital de la realidad para meternos en la zona de la tecnología de los sensores, los vericuetos de la captura de la luz y el color. O para estudiar las transformaciones recientes e inferir de ellas su impacto en la cultura, y más específicamente, en las formas de percibir y leer la fotografía.

De esa investigación puede devenir una obra artística. Duchamp, Fontcuberta, el mismo Aira, el escritor español Enrique Vila Matas, y tantos otros, teorizaron sobre el arte y su práctica y su obra fue una suerte de tesis o demostración de sus ideas. La Rayuela de Cortázar, sin ir más lejos.

Podemos investigar una zona de la historia de la fotografía que sintamos que tiene que ver con nuestra práctica y nuestra búsqueda. Con frecuencia de es punto de partida suelen resultar textos de “trinchera”. El autor toma partido, hace una lectura interesada –en el mejor de los sentidos- de la historia, de las escuelas. Por eso un trabajo de investigación o académico puede hacer un corte, provocar, defender, convocar.

A veces, sin embargo, la razón de todo está esperando en el final del recorrido. Una búsqueda abierta, zizagueante, por momentos aleatoria o azarosa, puede dar lugar, con el tiempo, a una serie de convicciones o certezas, a un sistema de ideas o un aparato de interpretación teórica. Yuyo Noe, sus escritos sobre arte y su práctica de la enseñanza son un ejemplo.

En cualquier caso, es importante trabajar a conciencia en la delimitación de nuestro objeto de estudio y en nuestra hipótesis general de trabajo. Nos debería bastar un párrafo para describir ese punto: objeto de estudio e hipótesis de trabajo.

Aunque la producción de material académico debe seguir ciertos estándares relacionados con la fundamentación y la aportación de ideas o procesos originales, sigue siendo clave determinar a quién le escribimos. Hay investigadores que escriben para la academia: no se apartan de la terminología y las convenciones, hay marcas y guiños, sobrentendidos que demuestran una voluntad de pertenencia. En otros casos el lenguaje claramente apunta a trascender el ghetto. Puede haber un propósito de divulgación asociado o no a una intención de que el texto permee en la sociedad en un sentido más amplio, que tenga, acaso, un poder de influencia y transformación. En la filosofía o en las ciencias políticas muchas veces es clara la diferencia entre una y otra tipología, aunque por supuesto abundan los híbridos.

El método. La investigación, muchas veces, se parece a la instrucción de un caso policial. El investigador o teórico, busca, revolviendo archivos, haciendo entrevistas, realizando trabajo de campo, aquellos datos o pruebas que confirmen sus teorías. En el trabajo de documentación pueden aparecer nuevas hipótesis, nuevos puntos de vista, que reafirmen o refuten la hipótesis original.

Escribe Umberto Eco que hay tesis de investigación, como las que estuve describiendo, pero también tesis de compilación. Tan válidas unas como las otras.

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