martes, 18 de abril de 2017

Helena Tatay sobre el maestro HS





Un mundo paralelo al nuestro

(Publicado en Matador)



Hiroshi Sugimoto es uno de los fotógrafos más sorprendentes dela escena actual. Nació en Tokio en 1948 y allí estudió ciencias políticas y Sociología. Al finalizar sus estudios se dedicó a viajar. En 1972, al llegar a California, decidió estudiar técnica fotográfica. Dos años después se trasladó a Nueva York y empezó su obra como artista.

Desde sus inicios, su trabajo se ha articulado en series fotográficas, siempre en blanco y negro, con fotos del mismo formato. En cada una de sus series aborda un tema distinto: dioramas, mares, museos de cera, arquitecturas y otros. Sin embargo, su trabajo no es un registro de la realidad. Sus fotografías no son fieles reproducciones del mundo, sino imágenes muy elaboradas en las que lo que vemos no es generalmente lo que creemos ver.

Cojamos como ejemplo una de sus primeras series: Salas de Cine, que son fotografías de las salas de cine que se construyeron en Estados Unidos en los años 20 y 30, la época dorada de Hollywood. Estas salas de cine de estilos arquitectónicos exóticos y variados, que incluyen desde el antiguo Egipto al rococó francés, querían transportar a la audiencia más allá de su vida cotidiana a un mundo de ilusión y fantasía.

Para realizar esta serie investigó e hizo pruebas con su cámara durante dos años. Después empezó a trabajar. Con el cine vacío, colocaba la cámara en el balcón y organizaba la imagen con una cierta simetría entre arriba y abajo, derecha e izquierda, alrededor de la pantalla. Luego, mientras en el cine se proyectaba la película dejaba el objetivo de la cámara abierto: entre una hora y medida y dos.

El resultado muestra una pantalla blanca y luminosa, cuya luz parece más metafísica que real, enmarcada por una arquitectura fantástica, cuyos detalles han sido iluminados por la larga exposición al haz de luz de la proyección de la película. Son fotografías de gran perfección técnica, llenas de detalles, en las que la mirada del espectador se sitúa más allá del marco, dentro del teatro. Una vez conseguido lo que quería, repitió la misma imagen una y otra vez en los distintos teatros, creando una serie de fotos iguales y a la vez distintas.

Al contemplarlas nos damos cuenta de que estamos ante imágenes de gran belleza que cuestionan visualmente temas perceptivos y filosóficos de tiempo y espacio. Aquí la foto no recoge un instante. Sugimoto ha fijado el fluir del tiempo de forma paradójica y, como parte de nuestras creencias sobra la fotografía han sido burladas, no encontramos una teoría apropiada para analizarlas. Por otra lado, la pantalla actúa como metáfora de la ventana al mundo y del teatro de la mirada, mientras enlaza acumulación y vacío.

Estas fotografías ofrecen varias capas de significados que hay que ir desvelando, pero al verlas expuestas como serie, la reiteración serial de fotos iguales y a la vez diferentes nos confirma que el primer interés del artista es investigar las propiedades de la fotografía, especialmente su relación con las nociones de tiempo. Vista en conjunto esta serie, como todas las suyas, actúa como un metalenguaje, es decir que utiliza el lenguaje fotográfico para hablar del lenguaje mismo.

Cuando unos años más tarde extendió la idea de las Salas de Cine a los cines para coches, tan populares en los años 40 y 50 y hoy olvidados, se hizo evidente que también estos Autocines, tan característicos de moderno mito americano, se nos muestran como íconos de la civilización que los produce.

También como rastros culturales del hombre podemos ver su serie Dioramas, para la que retrató las vitrinas del Museo de Historia Natural de Nueva York Estas instalaciones de animales disecados y maniquíes enseñan, de manera hiperrealista y con una intención didáctica, la vida salvaje o la evolución del hombre en la tierra. Las fotos de Sugimoto presentan un oso polar devorando una pequeña foca, un águila real llevando una presa, fondos marinos del periodo siluriano, el hombre de Cromañón, etc. Para hacerlas utilizó un gran angular que aplana el decorado circular del fondo sin casi distorsionarlo y luego cortó los bordes de tal manera que el espectador no mira el paisaje desde fuera sino que podría estar en él tomando la foto de la acción que aparecen en primer término. Aquí lo inerte parece vivo. Gracias a su perfección técnica, la impresión de realidad es extrema, aunque algo siniestra. Las fotos de la vida salvaje son las más engañosas, ya que son imágenes difíciles de conseguir pero no imposibles. Si bien parecen captar un momento especial, estas fotos son lo opuesto a la fotografía naturalista y cuestionan la dialéctica central de la fotografía entre el tiempo y su ausencia, produciendo un tempus imposible. A la vez, las escenas retratadas, hijas de un guión darwiniano, reflejan nuestras ideas sobre la naturaleza.

Los Dioramas encontraron una prolongación natural en una serie posterior: Museos de Cera. Sugimoto volvió a fotografiar seres inertes de tal manera que por un momento parecen vivos. Vemos al Papa saludando, a la familia real inglesa, a Mae West, etc. Aunque también ha retratado la cámara de los horrores de Madame Tussaud con sus escenas de ejecución : el garrote, la horca, la silla eléctrica, etc. Al observar las fotos vemos a los personajes importantes, mitos e ídolos de nuestra cultura, así como lo que hemos decidido que vale la pena enfatizar. Como en la serie anterior, nos descubre cómo reconstruimos la realidad, qué hechos destacamos y cómo a través de su memoria se reflejan nuestras ideas y jerarquías sociales.

En los años 90 amplió la serie de Museos de Cera haciendo varios retratos de personajes que, como en los retratos pictóricos tradicionales, posan de tres cuarto so de perfil sobre un fondo negro. Podemos ver posando a Arafat, Ladi Di, Lenin, Enrique VIII de Inglaterra, sus seis mujeres, etc., sólo que esta vez el formato es mucho mayor. Hasta entonces sus fotografías eran copias en gelatina de plata de 51x61 cm, porque éste era el tamaño más grande en que podía ampliar la imagen sin que se viera el grano. Ahora, había encontrado la manera de ampliar las copias en gelatina de plata hasta 120 x 150 cm sin perder definición.

La minuciosidad de los detalles, tan característica de su trabajo, es particularmente importante en la serie de los Mares, ya que es lo que nos permite sumergirnos en sus imágenes casi vacías. Las fotografías de los mares están divididas en dos partes iguales por la línea del horizonte. Arriba el cielo, abajo el mar. No hay nada más en la fotografía. Aunque están realizadas en diversas partes del mundo, no hay ninguna referencia al lugar. Desprovistas de cualquier historia o detalle al que amarrarnos, sólo cielo y agua, esta serie parece dejar el tiempo suspendido,. Comparar estas imágenes casi iguales apreciando las pequeñas diferencias de las olas y la calidad del aire nos induce a un estado contemplativo. Quizás por eso se suele decir de ellas que, más que imágenes de la naturaleza son imágenes de lo sublime.

Sun intención al hacerlas era aludir a un tiempo primigenio. Hacer imágenes como las que podrían haber contemplado los seres humanos hace millones de años, en un tiempo anterior al lenguaje.

También juega con el tiempo de la representación en sus fotos de edificios emblemáticos del siglo XX, su serie Arquitecturas. Al contrario que la mayor parte de las fotografías de arquitectura contemporánea realizada por artistas, Sugimoto ha fotografiado los edificios como en un sueño. Son fotos difuminadas que dan a los edificios una presencia vaporosa haciéndoles parecer irreales. Como, además la escala y los materiales resultan ambiguos, a veces no sabemos si estamos ante el edificio o su maqueta. La intención del artista era conseguir una imagen de la idea del edificio, una imagen que bien podría haber estado en la mente del arquitecto antes de construirlo. En una ocasión, conversando con él, le pregunté por qué no retrataba a personas vivas. Con sus astucia habitual, me contestó que sí las retrataba, sólo que él lo hacía a través de los rastros que van dejando. Las fotografías de Sugimoto no registran la realidad, sino que presentan un mundo paralelo an nuestro que está regido por la mente.

Su última serie, Formas Conceptuales, Sugimoto la ha presentado como “otro capítulo de la inteligencia humana”. La serie consta de Formas Matemáticas, fotos de modelos creados para que los estudiantes pudieran entender ecuaciones trigonométricas complejas, y Formas Mecánicas, modelos usados para enseñar y demostrar algunos de los movimientos de las máquinas modernas. Sugimoto empezó esta serie pensando en las máquinas de Marcel duchamp, que aluden a la vida, el sexo y la naturaleza, especialmente en el Gran Vidrio: La novia puesta al desnudo por los solteros. En sus fotografías, las formas curvilíneas de los modelos matemáticos se asocian con la novia, mientras que las angulosas formas de los modelos mecánicos lo hacen con los solteros. Estos modelos y máquinas le interesaron porque fueron creados sin intención artística. Sugimoto afirma que “el arte es posible sin intención artística y puede ser mejor sin ella”.

Un juego nuevo de significados y asociaciones está servido.

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