jueves, 25 de mayo de 2017

Notas y citas al texto de Leila Guerriero con el que trabajamos en clase



La conciencia de un escritor en el momento de escribir comprende planos y dimensiones muy diversos. Es un proceso en el que la intuición y el trabajo deliberado y conciente pueden y deben sucederse y complementarse.

En el primer párrafo del capítulo esa conciencia despliega cuestiones muy diversas y lo hace con maestría. Abarca el planteo de la cuestión central: el repaso de las dudas y certezas sobre el oficio a partir de la necesidad implícita de dar respuesta a una pregunta concreta: qué es y qué no es el periodismo narrativo. La voz que escribe asume tener algo que decir, aún buscándolo a tientas e incluyendo en el texto ese proceso de búsqueda con toques de suspenso. Pero incluye aspectos en principio distantes de esa cuestión principal, como las circunstancias en que ese texto se pondrá en circulación. Es un texto para ser leído en directo (se escuchó y se deberá leer a partir de entonces teniendo en cuanta esa circunstancia), pero con el sobreentendido de que terminará siendo letra impresa.

Es un texto que aspira a ser claro, en lo posible nítido. Los juegos de estilo, las estrategias a las que recurre para seducir al lector, están cuidadosamente administrados para no opacar su sentido, para que en ningún momento deje de ser inteligible. La legibilidad es una condición implícita de la práctica del periodismo y la crónica contemporánea, que el texto asume como zona de pertenencia (porque hay una voz que es del autor y otra que es del texto, el texto tiene una lógica independiente de la biografía de quien escribe).

Es mayo, todavía. Ese “todavía” es clave. Puede ser leído como una marca temporal que remite a una situación personal, a una percepción subjetiva del paso del año y del tiempo en general. Sin embargo, luego se nos revela como un recurso técnico para, aprovechando el uso de los verbos en presente y forzando apenas las convenciones de la narración, hablar de dos momentos y circunstancias distintos en la línea de tiempo de la autora y del texto. La información incluida no es necesariamente relevante, pero tiene como fin hacer menos abstracto el juego. Hay un hotel con un nombre, Alexandra, que está en una calle determinada, con un balcón en obras, y en el texto no hay más que una cama y un televisor.

La escena cambia de lugar y hay casi como un tramo de filmación en reversa, una señal de que se vuelve atrás y luego hay un flashback, el tiempo retrocede desde el pasado inicial hacia un pasado apenas anterior. Y entonces hay una autocita, que sirve como documento incrustado y también es una manera muy eficaz de mantener el presente y evitar complicaciones con los tiempos verbales al hablar del pasado dentro del pasado.
Igual que en el “todavía” de la primera frase, el escribir “Haití” el texto juega con el equívoco: Haití es un país, pero si tiene una sola cama y es oscuro y pequeño, ¿de qué está hablando el texto? Otra vez el trabajo del lector del lector, que construye como puede y quiere el sentido del texto, ha sido previsto por quien escribo. Deja que nos imaginemos un registro alegórico o confesional cuando en realidad está haciendo una descripción precisa y sin ensoñaciones de un sistema de nombrar habitaciones y de las circunstancias un poco casuales que hacen que se produzca una especie de revelación que es central en el texto. Ese descubrimiento es la punta del hilo del que empieza entonces a tirar el texto.

En ese párrafo citado, también hay recursos para alejar el texto de la alegoría abstracta. Alguien, un hombre, una mujer, vino aquí, vio los cuartos, decidió: este es Madrid, este es Haití…

Inmediatamente el texto vuelve al segundo punto señalado en el pasado (“todavía” es mayo) para asentar esa primera certeza sobre la que se edifica luego la arquitectura del texto. “…ahí puede empezar a haber una respuesta. Que el periodismo narrativo es muchas cosas pero oes, ante todo una mirada –ver, en lo que todos miran, algo que no todos ven- y una certeza: la certeza de creer que no da igual contar la historia de cualquier manera.

Hay, por otra parte, una constante de metamensajes, ya que los recursos y herramientas que utiliza el texto son una puesta en escena y en parte una demostración de las hipótesis que desarrolla. El texto, sin ir más lejos, ofrece otras versiones posibles de sí mismo y se argumenta a sí mismo. Se pone como ejemplo. No da lo mismo cómo se cuenta, los recursos desarrollados por la ficción pueden ser fundamentales para la comprensión de las ideas y los hechos.

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